Reflexión del intendente Javier Goldin
Hay momentos en la vida pública en los que uno siente la necesidad de detenerse, mirar hacia atrás y entender el camino recorrido. No para celebrar, sino para tomar dimensión. Esta es una de esas veces.
Cuando asumí en 2019 al frente del municipio de Estancia Grande, lo hice con la convicción de que gobernar no es administrar la comodidad, sino hacerse cargo de las crisis. Y lo que encontramos fue, sin rodeos, una municipalidad quebrada. Los documentos lo respaldan: más de 4 millones de pesos de deuda flotante, obligaciones impagas con IOSPER, ART y la Caja de Jubilaciones, y una coparticipación absorbida por compromisos atrasados. Durante diez meses, no ingresó un solo peso disponible para gestionar.
Recuerdo con claridad esos primeros meses: cada peso que ingresaba tenía un destino urgente. Primero, garantizar los sueldos. Después, intentar hacer algo más. Muy poco, pero necesario. Era un momento crítico, y a ese contexto se le sumó una pandemia que paralizó al mundo.
Ese fue el punto de partida de una etapa que exigía decisiones firmes. Ordenar las cuentas no era una opción, era una urgencia. Con una administración austera y priorizando lo esencial, logramos sanear la totalidad de las deudas. A partir de ahí, comenzamos a reconstruir algo que se había perdido: la confianza. Hoy, los sueldos se pagan el último día hábil del mes y el municipio no registra deudas con los organismos que antes lo asfixiaban.
Pero gobernar no es solo equilibrar números. Es transformar la vida cotidiana.
En estos años, Estancia Grande vivió cambios que durante décadas parecían imposibles. Por primera vez en su historia, el pueblo cuenta con un cajero automático. Puede parecer algo simple, pero para nuestro pueblo significó dignidad, independencia, dejar de depender de otras ciudades para algo tan básico.
También se implementó un sistema de transporte público gratuito —inédito en la región— que conecta Calabacilla, Estancia Grande y Yuquerí Chico, con destino final en Concordia. Un servicio pensado para garantizar igualdad de oportunidades, especialmente para estudiantes y trabajadores. La logística fue diseñada cuidadosamente: el recorrido establece paradas internas hasta Yuquerí Chico, y desde allí continúa directo a Concordia, cumpliendo con las normativas vigentes.
En materia social, se avanzó en políticas concretas: entrega de medicamentos, atención médica integral —incluyendo asistencia domiciliaria— y acompañamiento permanente a jubilados. En Yuquerí Chico, donde durante años se prometió sin resultados, hoy existe un centro de jubilados equipado, un espacio digno para quienes merecen ser prioridad.
La salud también fue eje central. Se modernizó el centro sanitario y se incorporó una ambulancia de alta complejidad, elevando el estándar de atención. A esto se suma una inversión histórica en infraestructura básica: nuevas bombas de agua —tres en Estancia Grande y una de 15 HP en Yuquerí Chico— que resolvieron problemas estructurales de abastecimiento.
En obra pública, los avances son visibles: veredas, accesos, cordón cuneta, caminos mejorados y plazas puestas en valor. Se construyó una sala velatoria —inexistente hasta esta gestión— y se inició la terminal de ómnibus, una respuesta concreta para quienes debían trasladarse hasta Concordia incluso para viajes de larga distancia.
El desarrollo urbano también incluyó vivienda. Se entregaron 20 unidades del IAPV y se avanza en soluciones habitacionales de madera, fabricadas en la propia carpintería municipal. Esto no solo resuelve necesidades, sino que genera trabajo local.
La modernización alcanzó incluso al parque automotor: se adquirieron tractores, camionetas, maquinaria y un camión compactador Mercedes-Benz 1624, reemplazando un sistema de recolección obsoleto e ineficiente. Hoy, el municipio presta servicios con estándares acordes a una comunidad que crece.
También se fortaleció el rol institucional. Donde antes solo se recibía correspondencia, hoy funciona un verdadero Ejecutivo municipal. Las tres delegaciones operan con eficiencia y cercanía, dando respuestas concretas.
No fue un camino fácil. A las dificultades iniciales se sumó la pandemia, que puso a prueba cada decisión. Sin embargo, el rumbo se mantuvo: ordenar, invertir y estar presentes.
Respecto al pasado, las denuncias por presuntas irregularidades en la gestión anterior están hoy en manos de la fiscal Julia Rivoira. Es la Justicia quien deberá determinar responsabilidades. La comunidad, mientras tanto, espera respuestas.
Hoy, Estancia Grande es un municipio en marcha. No perfecto, pero sí mucho más justo, más ordenado y más humano.
Esta reflexión no busca señalar, sino valorar. Porque cuando uno recuerda de dónde partió, entiende mejor todo lo que se logró. Y también todo lo que falta.
Seguimos adelante, con la misma convicción del primer día: trabajar por cada vecino, sin excepciones, con la certeza de que el camino del esfuerzo siempre vale la pena.
